17 enero 2026

TRADICIÓN POPULAR

 

UNAS 300 PERSONAS PARTICIPARON EN LA BENDICIÓN DE ANIMALES


 SOLO PERROS


El concejal Ángel Andrés con la presidenta de APARIOJA

San Antón, el santo defensor de los animales, puede considerarse como el primer ermitaño del cristianismo. Se retiró al desierto y convivió hasta el final de sus días entre la naturaleza y los animales. Fue la breve alegoría del párroco de La Redonda, Víctor Manuel López, como introducción a la tradicional costumbre de bendecir a los animales el día de San Antón, que se ha celebrado esta tarde-noche, organizada por la Asociación Protectora de Animales de La Rioja.


La noche no ha sido fría con lluvia intermitente que no amilanó a las trescientas personas, entre portadores de su animal, en algunos casos con dos y hasta tres, quisieron perderse la ceremonia en la portada de la catedral de la Redonda, que da a la plaza del Mercado que animó a muchos padres a llevar a sus pequeños. En un lateral, una tienda informativa en la que se repartían folletos y luego el chocolate. La imagen del santo se ha colocado en el pórtico, resguardado del agua y a algunos, les ha podido la impaciencia y se han fotografiado con su animal antes de que se iniciara el acto, con la intervención de dos sacerdotes.


Poco a poco, el ambiente ha cogido carrerilla y la esquina se ha llenado de curiosos mientras el sacerdote procedía a su tarea que también le tocó el año pasado. Una curiosidad, un tanto sorprendente: solo se han bendecido perros de todas las razas posibles, cachorros, pequeños y grandes y de todos los colores, pero, durante el ritual, no ha aparecido ni un gato, ni ningún otro animal. Los propietarios de los animales no pararon de disparar el clic del móvil, de todas las posturas posibles, como un recuerdo personal o para reenviar ese momento. Hasta el concejal logroñés Ángel Andrés, presente en representación del Ayuntamiento, aunque sin perro, también tiró de cámara y fotografió el evento, haciéndose un hueco ante los dueños y dueñas que se arremolinaron, lo más cerca posible, del sacerdote, probablemente para que les llegara el agua bendita.


Luego vino la chocolatada entre los ladridos, los saludos y una desenfadada charleta entre conocidos y amigos, contándose las anécdotas del más fiel amigo del hombre: el perro


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