Desfilando 120 trajes regionales
Presencia de 50 municipios con grupos de danzas, jotas, dulzainas, gaiteros y gigantes y cabezudos
Estampa poco común de un domingo en Logroño, con calles de su Casco Antiguo, aceras ocupadas por los vecinos y vecinas a los que se sumó el turista. El espectáculo merecía la pena de ver, contemplarse y disfrutarlo. Ha sido el desfile de grupos de danzas, jotas, dulzaina y gigantes y cabezudos en la primera celebración del Día Mundial del Patrimonio Inmaterial. El Gobierno de La Rioja le ha dado la vuelta y lo ha convertido en el Día del Traje Regional de La Rioja.
La jornada dominguera se ha iniciado a la 10,00 en el Palacio de Chapiteles, hoy sede del Instituto de Estudios Riojanos, al inicio de la calle Portales, con talleres infantiles. A las 11,30 horas, ha sido la recepción institucional con las palabras de bienvenida y sonando las gaitas, los participantes han enfilado Portales, Once de Junio, Breton de los Herreros y Gallarza hasta la Plaza del Mercado. Se había anunciado que se atravesaba la calle Sagasta, pero se modificó por la calzada de al lado, lo que despistó un poco al público. En la confluencia Portales y Muro de Cervantes, hubo foto grande de familia para el recuerdo.
En el desfile, se han visto 120 trajes regionales, en representación de 50 municipios y hubo personas anónimas que, vestidas al uso, se han incorporado al recorrido con toda naturalidad. Abierto a todo el mundo, se ha visto a mamás tirando de cochecito con su bebé, como un espectador más.
La confección de un traje regional tiene su intríngulis, según sea para hombre o mujer. En general se confeccionan manualmente. Un traje para hombre se compone de pantalón por debajo de la rodilla, chaleco, chaquetita de pana, camiseta, medias, faja y pañuelo sobre los hombros, Si es para una mujer, la prenda tiene más complejidad. A ver: falda de paño de lana, delantal, chamba, mantón, manteleta, enaguas, pololos, medias, zapatos y adornos, los que se quieran, a gusto de la persona que luce el palmito.
En la ciudad, solo hay una tienda, Mercería Esther, abierta a la venta de esta prenda, en Gonzalo de Berceo número 23, regentada por Esther Gibala, segunda generación y, para vestir el traje regional, no es necesario ser un bailarín o bailarina de primera. “Estos trajes son para los días grandes”, apunta José Luis Pérez Pastor, consejero de Cultura.


























